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Cómo superar una depresión profunda

18 enero, 2017
Cómo superar una depresión.

Los psiquiatras más organicistas, es decir aquellos que consideran que hay una predisposición genética en los individuos que les conduce irremediablemente a padecer una determinada enfermedad, pueden considerar que hay individuos que, por una cuestión bioquímica, básicamente de modulación de sus neurotransmisores, son depresivos por naturaleza, y que, por tanto, y ante eso, lo único que pueden hacer es tomar la correspondiente medicación.

Pero eso no es así, ya he insistido en algún otro de mis artículos, que la genética predispone pero no condena, e igual que se puede salir de un trastorno obsesivo grave, haciendo que la base emocional quede desbloqueada (algo con lo que no se suele acostumbrar a trabajar psicológicamente sino con las consabidas técnicas cognitivas), se puede salir de una depresión profunda.

 

¿Cuáles son la causas de una depresión profunda?
A la depresión profunda muchos la llaman psicógena porque parece que la persona esté desconectada de la vida, escindida de la realidad y por lo tanto parecería estar más cerca de la psicosis que de los conflictos desgraciados de una vida pesarosa.

Pero detrás de una depresión profunda siempre hay algo profundamente sustancial y significativo: la falta de amor.

Hay seres humanos que han crecido sin amor, y no necesariamente porque sus madres o padres no les quisieran, sino porque quizás desde el mismo momento de estar dentro del vientre materno sucedieron factores externos que a la madre le produjeron un grave estrés, por ejemplo alguna enfermedad, o bien pudieron ser niños o niñas rechazados de forma inconsciente, o no queridos posteriormente por alguna otra razón.

A veces las circunstancias de la vida también son tan dolorosas que, a veces, llevan irremediablemente a un estado de depresión profunda. Por ejemplo las personalidades narcisistas, si fracasan en su empeño de “ser alguien importante en el mundo”, empeño tras el cual se esconde una fuerte necesidad de amor y un gran complejo de inferioridad, puede llegar un momento que se derrumben de tal forma que apenas se puedan volver a levantar.

Es decir o el personaje de sí mismos que habían idealizado se materializa de una manera u otra, casi siempre con algún toque de patetismo, o bien tras arduas luchas persiguiendo lo imposible, el narcisista se hunde en lo más negro de las tinieblas.

Dicho esto, ¿cómo se puede salir de una depresión profunda?
Daré dos claves fundamentales: amor y un nuevo sentido de la existencia.

Cuando hablamos de amor, me refiero al Amor en mayúsculas, aquel que fundamentalmente te dan personas de quién uno quiere recibirlo y que ellas están dispuestas a darlo. Y en esta frase hay dos conceptos muy significativos, y de los que hay que tomar nota, aunque suene muy duro y directo:

Si una persona no te quiere, sea tu padre, tu madre, tu ex pareja o tu pareja actual, pues no te quiere. Repito: quien no te quiere, no te quiere. Y a lo mejor no tiene nada que ver contigo, es algo suyo, algún impedimento inconsciente o consciente que no le deja sentir amor por ti. Acéptalo como una realidad. Si esperas un cambio de él o ella no lo conseguirás y te hundirás en lo más profundo de la tristeza y del dolor.
El amor lo podemos recibir de otras personas que pueden llegar a ser mucho más importantes para nosotros, pero para ello debemos estar dispuestos a recibirlo. Ese amor puede venir de otros familiares, de amigos, o de una nueva relación de pareja que podamos encontrar.
Encontrar un sentido de la existencia.
Cuando tenía veinte años, ahora tengo cuarenta y seis, sufrí una depresión, es verdad que no fue especialmente grave, simplemente me encontraba confundido y desorientado y agotado, nada me satisfacía, y menos mi trabajo de aquella época y que combinaba con mis estudios de psicología. De hecho muchos días no acudía a la facultad y me encerraba en una biblioteca, donde podías escuchar música con auriculares, a leer novelas, o cualquier tema que me evadiese.

Yo mismo me sorprendí porque siempre había sido un buen estudiante, de carácter vital y optimista, algo que pronto recuperé y que conservo hasta el día de hoy, pero en esos momentos no sabía qué hacer con mi vida. Nada me satisfacía, todo me irritaba, tenía una cierta crisis vocacional con mis estudios, no me entendía con mis padres, y aunque tenía amigos me sentía solo.

¿Qué se puede hacer para reconectar con la vida?
Acudí a un terapeuta y el hombre, ya muy mayor, hizo lo que pudo, aunque sinceramente no consiguió ayudarme mucho, pero yo notaba su dolor por no conseguirlo y por eso siempre le he guardado un gran afecto. Un día, ya casado, pasé, de camino a otro lugar, por el pueblo de La Rioja del que era natal, sabía que se había retirado a vivir allí pero me informaron que había fallecido. Me dolió, le recuerdo como una excelente persona que trató de ayudar a un joven complejo y deprimido.

Pero salí de todo ello, y fue un día que cogí la Biblia (ahora algunos pensaréis, ya está, ahora nos suelta un sermón sobre el cristianismo y bla,bla,bla…), no, cogí la Biblia y empecé por casualidad a leer los últimos libros del Antiguo Testamento, y sentí que había un orden esencial en la vida, que no todo era tan aleatorio, que no era válido cualquier camino, y después empecé a leer sobre budismo, taoísmo, leí a Nietzsche y algún libro de autoayuda, seguí profundizando en el cristianismo…

En aquella época compraba la revista Integral, que era el referente pionero del ecologismo en España, y se anunciaban cursos de toda índole, y a partir de ese momento decidí darle un giro a todo. Conseguí recuperarme, dejé ese odioso trabajo que me amargaba, al cabo de poco tiempo encontré otro y me centré en mis estudios.

Después ya vinieron cursos a los que me iba yo solo, porque no encontraba quien quisiera venir conmigo, por toda la península, estuve en un caserío vasco estudiando algo de medicina higienista, en la sierra de Gredos, en un curso de bioenergética y el curso que cambio mi vida, el que hice de meditación con unos monjes budistas itinerantes en la isla de Ibiza, después hice voluntariados en el sur de Francia, autoestop, viajé solo a alguna ciudad europea, etc. Algún día explicaré porqué fueron tan significativas esas ocho horas de meditación diarias durante quince días con los monjes budistas.

Pero fue la Biblia, y lo digo con mucho orgullo, mi punto de inflexión, lo que me indicó un nuevo camino, y lo que inició mi salida de la depresión.

¿Esto sería válido para todo el mundo?
No. Eso fue valido para mí y quizás lo sería para muchas otras personas pero cada cual tiene su camino. Pero lo que yo encontré fue un sentido a mi existencia. De la oscuridad pasé a la luz. Y es ahora, domingo tarde, en una biblioteca de mi ciudad, Barcelona, que puedo escribir estas líneas con energía y entusiasmo, y con la creencia absoluta de que todos tenemos un camino, y que para salir del pozo hay que vislumbrarlo.

¿Cuál es el tuyo o el de esa persona que te preocupa? Dar con ese misterio, con esa clave es fundamental, porque es la puerta que te abre de nuevo a la vida, y que pasa necesariamente por el acercamiento a la sabiduría sea de índole espiritual o racional, o ambas a la vez.

Y por último un consejo, para no enrollarme más y a modo de resumen, por favor, no sufras más por tu pasado ni insistas en recibir amor de aquellos que no pueden o no te lo quieren dar. Busca tu camino y ábrete a otras personas tan necesitadas de afecto y de sentido como tú.

Y si no puedes hacerlo, busca ayuda terapéutica, pero si lo haces tienes que sentir que te están sacando del pozo, sino es que no te sirve.

Damián Ruiz.
Psicólogo (Col.7884)
Analista junguiano (IAAP)
Barcelona.

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