En mi anterior página de facebook de psicólogo, que di de baja porque al interesarme las cuestiones políticas y sociales lo llenaba de artículos y comentarios de estos temas no pareciéndome oportuno (ahora tengo dos), tenía en cabecera un eslogan que decía:

“De todas las maneras de pensar que ha desarrollado el hombre la ciencia es una de ellas pero no necesariamente la mejor”.

Frase escrita por Paul Feyerabend (Viena,1924-Suiza,1994), filósofo de la ciencia y profesor de la Universidad de Berkeley (California). La verdad es que yo siempre he cuestionado esa adoración por el pensamiento científico y entiendo perfectamente que para construir un puente o fabricar un coche no vas a basarte en la intuición..

Personalizar el tratamiento para avanzar con un difícil pronóstico

Lo que ocurre es que a lo que le llamamos ciencia en muchos casos no es más que mera estadística. Y por ello cuando hablamos de tratamientos personalizados debemos de valorarlos en función de la eficacia conseguida en una determinada persona. La mente humana, junto con el universo, son los dos grandes desconocidos y queda mucho todavía por explorar, es por ello que aplicar los tratamientos estándar basados en la estadística cuando se sabe que el resultado no es más que significativamente bajo no sería lo más adecuado.

Y es que si seguimos el protocolo estandarizado, tanto psiquiátrico como psicológico, determinados trastornos: esquizofrenia, despersonalización, TOC grave, neurosis obsesivas graves, depresión mayor… tienen difícil pronóstico, incluso en muchos casos la “oficialidad” dice que hay que aprender a vivir con ello, lo que significa pildoritas de por vida (y no soy contrario a la medicación) y una terapia que te ayude a sobrellevarlo.

Trabajar con los elementos desconocidos de la persona

Pero si en lugar de la etiqueta, tan cómoda como es, analizamos a la persona sufriente en toda su dimensión y prescindimos de la ortodoxia para trabajar con ella desde una posición radicalmente individualizada ¿Nos podríamos encontrar con elementos desconocidos con los que poder trabajar? ¿Seríamos capaces de, tal como Teseo, ir siguiendo el hilo hasta salir del laberinto del minotauro?

Si además de ello no juzgamos y somos capaces de penetrar en el “mundo de sombras y dolor” en el que vive sumergido el paciente, encender la lámpara y acompañarle en el misterio que se oculta debajo de la luz de la razón, quizás nos encontremos con claves y dimensiones que, de ser amplificadas a través de la conciencia, pueden permitir iniciar el rescate.

Pero ese viaje interior a veces puede ser incómodo y suscitar muchas resistencias, puede implicar salir de lo conocido para explorar recovecos que requerirán, en la vida real, movimientos y acciones fuera de lo común.

Todo tiene una lógica, no siempre fácil de dilucidar, pero no hay nadie que no responda a un arquetipo primigenio con el que volver a reconectar, pero para ello es importante dirigirse paso a paso hacia ese reencuentro con el impulso anímico que guía a las personas, a partir de su código genético, y una razón perdida que actúa “dando palos de ciego” sin saber bien ni a dónde va ni a qué atenerse y necesita que alguien externo intervenga en dicha reconciliación.

Salir de la estadística para encontrarse con la persona

Salir de la estadística para encontrarse con la persona y no mirarla bajo la perspectiva de su trastorno sino, al contrario, tratar de obviar la etiqueta para poder entrar en su mundo interior. Y quizás ahí, y sólo ahí, empecemos a vislumbrar el secreto de su curación.

Alma y cuerpo, inconsciente e intelecto, camino y caminante.

Damián Ruiz
Psicólogo
Analista junguiano
Barcelona