Si alguien me preguntara qué es la pasión, le respondería que la pasión es “El poema del éxtasis” de Alexander Scriabin, también es el final de “El tercer hombre”, cuando Alida Valli pasa de largo en ese camino por el que caen las hojas del otoño.

Lo son las infinitas vueltas de Elio alrededor de Oliver en “Call me by your name”, o las novelas de Balzac dedicadas a su imposible amante polaca.

La pasión es Pollock pintando con todas sus almas e instintos, James Dean conflictuado bajo la lluvia, incluso Almodóvar en su última película.

La pasión es vida y enfermedad.

Es el motor que mueve a la acción y la posibilidad de que, en caso de no ser hábiles para dirigirla, nos lleve fuera de los límites del dolor.

Es curativa puesto que te resurge de las tinieblas y es peligrosa porque te puede devolver a ellas. Creativa, misteriosa, inabordable, experimentarla es un sino, un destino o una imposibilidad para los cobardes.

¿Se vive sin haberla vivido? ¿Se puede vivir sin recibirla al menos en una ocasión?

¿Cuánta pasión encerrada se esconde tras la ansiedad, tras un trastorno obsesivo, tras una depresión? ¿Es la causa de todo ello? No, pero encarcelada como está, también es síntoma de una vida no completa.

Desbordarse y acabar absorbido por un río que arrolla es temerario, cuestiona y te cuestiona, y te conecta con esa humanidad que persiste en ir a su encuentro, con algunos artistas, científicos, literatos, políticos…con la derrota y la victoria, con todo lo que, por momentos, testifica lo más esencial de la existencia. Con la radicalidad, con el no poder permanecer sereno y retirarse al mundo plácido de la monotonía.

Ella es el preludio de la espiritualidad puesto que si se sublima te convierte y si te derrota te inclina ante lo Supremo, no hay posibilidad de obviar la trascendencia una vez conociste la pasión.

Es la gran aventura del dolor, de la incertidumbre, del desconsuelo, de no saber nunca el camino adecuado.

Son todos esos amantes…y todos los insomnios, y los celos, y las grandes obras de la humanidad y los talentos ocultos, las miradas que no se atreven a cruzarse, y el corazón que se acelera….La vida en su manifestación más terrenal.

La pasión es E.M. Forster contenido y Amy Winehouse rota cantando en medio del alcohol.

Es lo que podría suceder mañana mismo si te atrevieras a darle acceso.

Pero toma las riendas.