Entrevista-diálogo de Jerónimo Carles, Psicólogo a Damián Ruiz, Psicólogo-Analista Junguiano (IAAP)

1- ¿Qué se entiende por ser políticamente correcto? ¿En la sociedad actual se exige ser políticamente correcto? ¿Por qué? ¿Qué piensas sobre ello?

 

La corrección política es, más que una forma de pensamiento, una forma de gestión de este. En realidad podríamos definirlo como “aquello que se nos permite decir”, independientemente de lo que verdaderamente opinemos sobre un determinado tema. Pero cada época tiene sus censuras, la libertad como tal no ha existido nunca, los valores predominantes, en este caso hijos de la progresía y el relativismo social, se imponen en una forma de pensamiento único del que nadie puede disentir, al menos públicamente. De este modo se va aceptando como verdad y se integra el propio autocontrol, hasta que la persona que no puede aceptar las ideas dominantes acaba por silenciarse. No hace muchas décadas la moral cristiana en Europa era la forma de pensar obligada, ahora, afortunadamente, la libertad es muy superior, y aunque me siento una persona de fuertes creencias espirituales, prefiero que sea así. Ahora es dicho relativismo el que se ha convertido en la “verdad” del siglo XXI.

En todo caso voy a permitirme, como ejemplo, saltarme con tres afirmaciones lo políticamente correcto, ya verás que sencillas y lógicas son, pero en realidad hoy en día suponen una transgresión: a. los hombres y las mujeres somos, y no solo físicamente, diferentes, b. la homosexualidad, que abarca aproximadamente al diez por ciento de la población mundial, es una orientación sexual sana pero la promiscuidad a la que muchos gays se ven impulsados es una enfermedad psíquica individual y social, y por último, el aborto no puede ser considerado un tema exclusivamente de la madre, sino también del embrión y del padre, aunque sí principalmente de ella. Estas tres afirmaciones son políticamente incorrectas, y por tanto no pueden ser expresadas por nadie que tenga cierta influencia social. Es obligatorio pensar de una determinada manera, aunque la razón “se haga cruces”.

 

2- En la sociedad moderna de hoy, cuanto mayor es la ciudad y mayor es su desarrollo, mayor es su crecimiento en todos sus ámbitos. Sin embargo, parece que reina el individualismo y la insolidaridad, y mayor es la soledad de las personas, como si estuviéramos más conectados entre nosotros y a la vez más solos. ¿Por qué crees que ocurre esto? ¿El modelo de sociedad en el que vivimos qué tipo de vida genera a los ciudadanos que formamos parte de ella? ¿Estamos en una sociedad generadora de patologías? ¿Por qué?

Si te he de ser honesto Jerónimo, a mi me gustan mucho las grandes ciudades, de hecho Barcelona, y especialmente desde que hemos vivido todo este conflicto social y político de índole nacionalista, se me ha hecho algo pequeña. Me gustan los entornos abiertos, cosmopolitas, de mentalidad liberal, -tanto en lo económico como en lo social-, con personas de diversas procedencias y con una visión “aspiracional” y creativa de la vida…pero…tenemos que prepararnos para crear vínculos sólidos, para aparte de las familias biológicas, crear comunidades de amigos que se conviertan en la familia elegida y que sean nuestra fuente de afecto y solidaridad. Quien se quede aislado sin un círculo de pertenencia puede llegar a tener dificultades en la vida adulta, porque ahora, por ejemplo, los hijos no son garantía de cuidado, por tanto es muy importante empezar a ser empático, cercano, generoso y solidario con aquellos que pueden formar la “otra familia”.

La insolidaridad, especialmente con el entorno más cercano, y el individualismo configuran una forma de estupidez social que pueden hacer que los trastornos psíquicos y emocionales se instalen, a través de la soledad, en la vida de una persona.

Tenemos que aprender a combinar libertad individual con vínculos afectivos reales, físicos, hay que saber abrazar, besar, sentir, y tenemos que aprender a querer, a amar, a nuestros amigos y conocidos. Hay que tener amigos, reunirse con ellos, comer con ellos, salir con ellos, viajar con ellos, y no importa si tienes veinte, cincuenta u ochenta años.

 

3- Parece que vivimos en una sociedad que está en continuo proceso de cambio y que además, estos son rápidos y profundos. ¿Esta dinámica de cambio cómo nos afecta a los ciudadanos? ¿cómo afecta a nuestras ideas, ideales, creencias y escala de valores? ¿Esta dinámica de sociedad en la que vivimos cómo repercute en el modelo de familia, en el matrimonio y en la escuela? ¿Este modelo de sociedad cambiante tiene que ver con la legalización del divorcio, la legalidad del aborto, el reconocimiento social de la homosexualidad y la tendencia a la escuela laica? ¿Por qué?

 

A mí personalmente no me gustan las sociedades completamente tradicionales porque creo que asfixian la libertad y las posibilidades de los individuos, lo cual no implica, como decía antes que, desde la diversidad, no se deban crear estructuras que vinculen a las personas en función de los afectos y de la cosmovisión que profesan, es decir de la idea de vida que tienen, además de nuestra obligación, que no lo debería ser, de solidaridad con los ancianos y las personas que sufren. Y digo completamente tradicionales porque creo que, a medida que un individuo se eleva, cultural y espiritualmente, debe tener la libertad de realizar una vida fuera de los esquemas estrechos del tradicionalismo, y no estoy hablando de libertinaje, sino de independencia, que es algo muy diferente.

Respecto al matrimonio y a la familia tradicional de no introducirse cambios sustanciales pueden tener sus días contados como institución. Tendremos que aprender a ser más flexibles, a aceptar otros modelos alternativos, por ejemplo relaciones extramatrimoniales puntuales (no relaciones paralelas) o la integración de personas ajenas a la familia biológica en los círculos de esta, sobre todo si queremos permanecer unidos durante largos años.

Todo esto lo podemos hacer considerándolo un pecado o una transgresión o utilizando la inteligencia y aprendiendo que aquello que marca la biología puede ser gestionado por la ética, pero nunca anulado.

 

4- Vivimos en una sociedad de ritmo frenético. No se puede ser contemplativo. Parece que haya cierto miedo al verdadero silencio y a la soledad interior, y parece que uno debe hacer multitud de actividades y tener una vida proactiva para ser bien visto, aceptado y reconocido. ¿Por qué? ¿Cómo afecta ello en nuestra salud mental y en nuestra vida social e interpersonal?

 

Creo que es necesario aprender a combinar la meditación y/o la oración (para aquellos que son creyentes) con una vida activa. Vivimos en Occidente, tampoco podemos renegar de nuestra tradición basada en el logos y en la construcción de realidades materiales.

Buscar el equilibrio, sin abandonar ninguno de los elementos que nos identifican como cultura, entre acción y contemplación es un proceder sabio.

 

5- Se dice que la enfermedad del siglo XXI es la depresión. ¿Qué elementos de nuestra sociedad crees que son generadores de esta enfermedad? ¿Por qué? ¿Crees que el tipo de sociedad en la que vivimos es generadora también de otras patologías? ¿Cuáles y por qué?

 

Fundamentalmente la soledad, que es la gran plaga de nuestra época. Algún día sabremos hasta qué punto daña la vida de las personas. El gran problema es que todos aquellos que la padecen tratan de disimularlo, como si fuera una deshonra o una vergüenza, y en realidad está tan, tan extendida, que debería ser admitida personalmente con dignidad. Hay que hacer algo respecto a ello porque es el gran drama de nuestra era.

También el concepto de fracaso es algo que mucha gente vive con dolor. No voy a combatir la idea extendida de éxito porque creo en el esfuerzo personal para alcanzar las metas y objetivos que cada uno se trace pero, ¿por qué tiene que ser tan terrible no alcanzar aquello que deseaste? El camino que uno hace también es todo un aprendizaje.

Por eso insisto mucho en la idea de transmitir afecto físicamente, esto refuerza el sistema inmunológico y genera estados de bienestar psíquico considerables.

Nuestra sociedad está, en muchos aspectos, enferma: soledad, falta de afecto, narcisismo, individualismo, adicciones, depresión, psicofármacos… pero podemos hacer mucho personalmente para transformarla, tenemos que ser valientes y acercarnos a la gente. No creo en ninguna transformación radical a nivel social porque todo extremismo político me parece patológico, y por tanto no creo en el poder de los Estados para imponer la solidaridad, creo en la gente que se moviliza afectivamente para ayudar, y por tanto para ayudarse a sí mismos. Los actos de amor hacia los demás no dejan de ser grandes actos de amor hacia uno mismo.

 

6- Hoy en día vivimos en una sociedad que tiende al secularismo, parece que esté cerrada a la trascendencia y el cristianismo ha pasado de moda. Da la sensación de que hay que negar a Dios para poder afirmar al hombre. ¿Por qué crees que vivimos en una sociedad así? ¿Qué elementos crees que han influido en el desarrollo de este tipo de sociedad?

 

Mira, te hablo desde una profunda creencia en Dios, y no solo en Jesús como su Hijo e intercesor, sino también en la idea de “la posibilidad de un Dios interior” que podemos activar a través de la Fe, la Esperanza o el Amor (conceptos mencionados por San Pablo en su Carta a los Corintios), o, por supuesto, de la Gracia Divina y si decidí estudiar la línea analítica de Carl G. Jung es precisamente por su concepto trascendente del ser humano y de su existencia. No entiendo la vida de nadie sin una visión trascendental de ella, que vaya más allá, incluso de su propia muerte.

Pero la moralina de los severos, rígidos y duros de corazón es la que se ha apoderado de la idea de Dios, de las religiones que se han acabado convirtiendo en código de normas y costumbres, abandonando la espiritualidad, convirtiendo un mensaje de altísimo nivel para la humanidad en algo oscuro al servicio, muchas veces, de miedosos y mezquinos.

Por otra parte las músicas, sermones y ritos eclesiásticos, en muchas ocasiones, aburren a las ovejas, son sentimentaloides, lastimeros, laxos, -de poca tensión espiritual., y cansinos. Cada vez menos gente acude a las iglesias en los países avanzados por ello creo que hay que recuperar la solemnidad, las músicas sacras de alta calidad, los sermones actualizados y la frescura de lo contemporáneo.

Hemos de volver a recuperar e integrar la idea de Dios, -también para que el cientifismo no se convierta en pensamiento único y acabe siendo otra forma de dictadura ideológica-, e integrarla en nuestra vida cotidiana, ello nos dará seguridad, prudencia y confianza, además de permitirnos desarrollar nuestra espiritualidad que es uno de los elementos más significativos del ser humano.

 

7- La sociedad de hoy se podría definir como pluralista y relativista, es decir, existe un pluralismo de creencias, estilos de vida, de concepciones morales. Parece que vivamos en una sociedad en el que todo es relativo y por lo tanto, todo es susceptible de ser permitido, aceptado y cambiado. No hay un sentido de permanencia y arraigo. ¿Por qué se ha llegado a este modelo de sociedad y de pensamiento? Este pluralismo y relativismo tan profundos, ¿qué genera en nuestra sociedad y a los individuos que formamos parte de ella? ¿Cómo afecta a todas las dimensiones de la persona?

 

El relativismo es una imposición de las elites apoyado en las reivindicaciones de libertad de todos los grupos sociales y que, junto con la asepsia que se está instalando en los vínculos entre humanos, favorece la atomización de los individuos y por ello el consumo compulsivo.

Podríamos decir que entre la progresía radical y el capitalismo más salvaje hay una estrecha alianza que se retroalimenta. Cualquier asidero que represente un valor sólido, un axioma universal o una institución digna de ser conservada se verá, en más o menos tiempo, atacado y sobre todo vulnerado hasta que sea destruido. Hay que pensar que vamos hacia una sociedad donde cada cual podrá decidir, independientemente de que haya nacido hombre o mujer (categorías que pronto se cuestionarán) cual es su género, cual es su identidad, si quiere transformarse físicamente en otro ser o si se vincula a una tradición mística o religiosa exótica que le haya sido atractiva en los últimos tiempos.

La persona caerá en una neurosis grave de la que solo podrá escapar mediante el consumo de psicofármacos u otras drogas ilegales, eso en el mejor de los casos.

 

8- En este modelo de sociedad en el que gobierna el relativismo social y en que los cambios se suceden tan rápidamente, ¿de qué manera afecta a la ideología de género? Parece que la identidad sexual se ha convertido en un papel social del que se decide autónomamente y no tiene tanto peso su origen biológico. ¿A qué se debe este cambio? ¿Por qué se ha pasado al “todo vale”, “todo está permitido” y “todo está bien”. ¿Qué elementos de la sociedad influyen en nuestra propia identidad y en esta orientación sexual tan plural y diversa?

 

La gran mayoría de la sociedad es heterosexual y hay, aproximadamente, un diez por ciento de hombres homosexuales y un cinco por ciento de mujeres lesbianas, y luego hay tanto dentro de la hetero como de la homosexualidad un sector, fluctuante, de personas a las que les puede atraer tener relaciones sexuales, sensuales o afectivas íntimas, con ambos sexos, e insisto en hablar de sensualidad y afecto como algo diferente a lo sexual. Esto es así en todas las sociedades, culturas y épocas, -aunque, evidentemente, no es lo mismo vivir en la liberal Barcelona que en una ciudad de Irán-, de ahí lo visible e invisible del fenómeno. Más allá de esto todo es ingeniería social, y si me apuras, cierto grado de patología, excepto algunas excepciones.

 

9- Sin duda vivimos en una sociedad totalmente tecnológica. La tecnología reina en todas las formas de actividad (en el ámbito del ocio, en el ámbito social, interpersonal, laboral…), por lo que esta vida tan dominada por lo tecnológico ¿cómo afecta a la persona en todas sus dimensiones y relaciones? ¿Cómo lo relacionas con las adicciones de hoy en día?

 

La tecnología genera adicción, el móvil y los videojuegos son un claro ejemplo, por no decir todos los canales de pago, y puede impedir el establecimiento de vínculos fuertes entre las personas. Vivimos anestesiados, solos y atrapados en un desideratum de realidad que se aleja cada vez más de lo que buscamos.

 

10- Un rasgo identitario fundamental de nuestra sociedad es el capitalismo salvaje. Parece que gobierne un espíritu de relación mercantil y todo se mide en términos de ganancias y pérdidas, perdiéndose, en cierta medida, el sentido de la gratuidad y el trato más humano y desinteresado. Como si el sentido ético y moral se estuviera perdiendo. ¿Cuáles crees que son aquellos factores que influyen en el capitalismo de nuestra sociedad y en esta progresiva desvalorización de lo humano? ¿Por qué hay en nuestra sociedad una codicia generalizada?, es decir, ¿por qué hay un incontenible deseo de poseer, acumular y consumir?

 

El deseo de poder, placer y dinero son alguno de los motores que han movido el mundo durante siglos, de hecho la búsqueda de placeres es uno de los principales activadores de la codicia. El dinero da poder y ambos permiten acceder a circunstancias sensoriales que, de otra manera, serían imposibles de alcanzar.

El poder aumenta la autoestima de las personas y su proyección social es más valiosa a ojos de la masa.

La ética y la moral, por desgracia, quedan como recurso para los resignados, para aquellos que no esperan alcanzar ninguna de las dimensiones citadas. Y digo “por desgracia” porque determinadas cualidades profundamente humanas deberían estar vinculadas al valor y a la nobleza del individuo. Ethan Hawke acaba de publicar, traducido al español, un sencillo pero recomendable libro “Reglas para un caballero”, donde habla de estas cualidades que tu mencionas.

Yo que soy de los que creo en algo que algunos dan en llamar la “aristocracia del espíritu”, pienso que el afán de poseer para ostentar no es más que una bajeza de espíritu con la que tarde o temprano la persona se tendrá que enfrentar y darse cuenta que la paz y la felicidad auténticas residen en otro sitio.