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Un análisis psicológico del auge de la extrema derecha en Occidente

18 febrero, 2021
derecha

La reciente entrada de VOX en el parlamento catalán con once diputados, claramente previsible para mí, ha sorprendido a una parte de la opinión pública, especialmente a los sectores más progresistas.

En toda Europa, también en Estados Unidos, avanza la derecha más radical, para algunos pseudofascista, para otros democrática aunque ultraconservadora.

La cuestión es que es una realidad.

Para liberales clásicos, como el psicólogo Jordan B.Peterson, una aceleración de la implantación ideológica de la ingeniería social promovida por el marxismo cultural (con esto me refiero a todas las leyes progresistas que rompen con una visión tradicional de la vida) hace que sectores amplios de la población no puedan asumirlo de forma estructural, es decir no puedan integrarlo ni mental ni vivencialmente, y que ante ello puedan llegar a rebelarse por sus dificultades para permanecer en un hábitat psíquico-físico sustancialmente modificado.

Cierto progresismo considera, erróneamente, que, con más ayudas sociales, destinadas a esos sectores a los que pueden llegar a calificar como “escoria” o “deplorables”, harían un giro ideológico y se someterían de nuevo al “sistema”.

Craso error.

El liberalismo clásico, ya citado, que abomina tanto del fascismo como del comunismo, y cuyos defensores son cada vez menos, provee una perspectiva diferente y que, de no ser escuchada, con el tiempo, puede llevar a un conflicto civil de cierta magnitud. Y dicha perspectiva tiene un nombre o dos: moderación y reformismo.

Córtex frontal y cerebro reptiliano

El cerebro reptiliano y el sistema límbico son la base, en los seres humanos, de los instintos y emociones necesarios para la supervivencia.

El córtex frontal genera el pensamiento racional con el que abordamos la existencia.

Pero qué ocurre cuando uno de los dos, metafóricamente, predomina en exceso sobre los otros.

Una sociedad impulsada, fundamentalmente, por el reptiliano y el límbico sería tremendamente primitiva en sus costumbres y vinculada a ideaciones mágicas, es decir creencias irracionales y supersticiones.

Por el contrario, un “exceso” de córtex frontal, de logos, puede producir una sociedad, aparentemente, avanzada pero desconectada de los aspectos más profundos y esenciales del ser humano y, por tanto, de la vida. Y en eso estamos.

Los adalides de la corrección política han llegado a crear un logos colectivo histérico e “histerizante”, completamente alejado de la sustancia más primaria del ser humano.

-Compartimos casi el 99% de nuestros genes con algunos primates -.

Y ese logos cuando se vuelve artificioso y alejado de la esencia humana produce una reacción de inadaptación, y consecuente agresividad, de aquellos que “funcionan” con criterios más ancestrales.

La psique humana se ha ido configurando a través de millones de años de evolución y miles de civilización, pero todo progreso ha sido paulatino. Nunca se ha producido un salto tan enorme como el que se está llevando a cabo en estos momentos.

Voy a tratar de explicar qué es lo que está sucediendo.

A lo largo de la historia la migración de unas zonas a otras del planeta ha sido continua, nuevas poblaciones se ubicaron y se mezclaron con otras de forma natural. Esas poblaciones eran mejor o peor recibidas, a veces se producían conflictos bélicos de asedio y defensa, en otras simplemente se establecían de forma sosegada y convivían en más o menos armonía.

Pero todo se complicaba si las identidades culturales o religiosas de la población autóctona, previamente establecida, se ponía en cuestión porque, lo más probable es que eso diera lugar a guerras entre las partes, o bien de forma inmediata o a posteriori.

Lo que creo, en mi modesto saber, que nunca, o en escasas ocasiones, sucedió, es que los gobernantes de una sociedad ya ubicada postularan la disolución de la identidad, cultura y tradiciones de su propia población, al mismo tiempo que favoreciesen la llegada de otras con un fuerte arraigo identitario.

Podrían permitir la entrada de otras “culturas” pero nunca trabajaron para diluir la propia.

No es lo que ocurre en la actualidad, bajo la excusa del laicismo social, la realidad es que la cultura de corte occidental está en proceso de demolición, perdiendo sus valores, referencias, tradiciones y, probablemente, costumbres.

¿De eso tiene culpa la población que llega con otro bagaje? En absoluto.

Ellos necesitan de esa identidad que les aleja de los aspectos narcisistas y psicopatizantes que genera la ausencia de estructura.

El problema nunca es lo “humano” en cualquier dimensión que se presente, el problema son aquellos que quieren subvertir de manera radical el orden natural de la vida.

¿Cómo subvierten ese orden?

Es necesario neurotizar a los miembros de una sociedad, especialmente la generación más jóven, a través de:

  • un profundo sentimiento de “culpa” que no deja de ser inoculado permanentemente con leyes histéricas (protección de todo, hasta que hagan imposible la vida) y que generan un sentimiento paralizante en una buena parte de la población, especialmente jóvenes varones
  • un fomento continuo de la idea de éxito basada en tres aspectos: dinero, belleza y juventud
  • la repetición banal del concepto de “solidaridad” aplicado “urbi et orbi” sin ningún efecto sustantivo
  • la significación de lo “efímero” como experiencia placentera por encima de la construcción de realidades sólidas
  • lo exótico y nuevo como fundamento de la vida por encima de lo arraigado y de lo trascendente
  • la obligación racional y vivencial de asumir como “verdaderos” postulados propios de la citada ingeniería social y que son contrarios, en muchas ocasiones, a los fundamentos más básicos de la biología
  • la destrucción de símbolos, instituciones y tradiciones vinculadas a la propia cultura

De este modo se les acaba paralizando hasta que, bien adoctrinados, aceptan las nuevas circunstancias.

Pero el logos, por mucha inversión que se haga en empoderarlo para que someta visceralmente al reptiliano y al límbico, no tiene la fuerza suficiente si estos últimos se rebelan. Y ¿cuando se rebelan? Cuando el propio hábitat se vuelve hostil.

  • Los sofisticados de París no pueden entender como tantos agricultores franceses se suicidan, -no pueden competir con las grandes marcas latifundistas y abaratar más y más los precios hasta llegar a la ruina-. Pero claro ¿qué importancia tiene eso si lo comparamos con el nuevo restaurante de cocina fusión japonesa-sueca que han abierto en el XIII (distrito)?

O a los veganos de San Francisco, amantes de los batidos multiproteicos de semillas y vegetales ¿cómo pueden empatizar con un obrero de Michigan al que le han cerrado la fábrica?

“¡Paletos y campesinos! ¡El mundo no es de ellos, es de los esnobs y las élites que les representan!”-.

O no.

A medida que se les abandona económicamente, que se les destruyen sus tradiciones, creencias y su modus vivendi, qué ven cómo pasan a ser percibidos como “atrasados” sociales y personales…el reptiliano se activa, y el instinto, como un tigre furioso, salta por encima de la impostura generada por un pensamiento puramente hedonista, alejado de la esencia y del espíritu.

¿Tenemos que volver atrás?

No, debemos evolucionar de manera más paulatina, más respetuosa con las poblaciones autóctonas, más conscientes de sus necesidades, pero no como si fueran pollos a los que echamos pienso, sino como hombres y mujeres que pertenecen a una tradición, a una cultura, a una identidad y a unas creencias fundamentales.

Sólo así preservaremos la democracia. Si la izquierda radical pretende destruir todo, el fascismo, lamentablemente, nos esperará a la vuelta de la esquina.

Y no todos los partidos de derecha son fascistas ni todos los partidos de izquierda son demócratas.

Seamos prudentes.

Damián Ruiz

www.damianruiz.eu

Barcelona, 18 de Febrero, 2021

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