Durante este confinamiento estamos recibiendo todo tipo de mensajes, vídeos, de curanderos, de visionarios, de recetas, de perros y gatos y un sinfín de monsergas, pero entre todas ellas las que más despiertan la curiosidad son aquellas que nos llaman a un cambio de conciencia, que siempre pasa por una vuelta a algo que, travestido de naturalismo costumbrista (Tolstoiano, de Tolstoi), se acaba pareciendo más a una visión social-comunista de la existencia .

¿De verdad que el cambio de conciencia en el mundo que tenemos, globalizado, tecnológico, libre, cada vez más respetuoso con los derechos humanos, donde una chica nigeriana nacida en una aldea pobre puede acabar trabajando en Silicon Valley, pasa por desprendernos de todo y volver a la esencia? ¿La esencia de qué, del hambre? Cada vez que alguien proclama “la sencillez” como valor supremo no sé porqué acabo imaginándome criterios de imposición moral y restricción alimentaria. – Claro que Tolstoi podía pretenderlo pero sin renunciar a la elegancia del espíritu ni de las formas-.

Cierto es que tendremos que estrechar vínculos y lazos de solidaridad, y crear espacios de encuentro donde el afecto, y no el apego, fluya, donde el amor dramático dé paso al amor sincero, y posibilitar a una pareja, cuando deje de serlo un lugar en el que no queden condenados a la soledad, ni a los eternos duelos. Un mundo donde todo el que participe, con cualquier edad, tenga su espacio y respete el de los demás. Colaboración, grupo afín, afectos, respeto e individuo.

¿Hay que dejar de soñar? ¿Debemos renunciar a nuestros propios criterios de vida? ¿Asumir un igualitarismo ramplón? ¿Desdeñar construir un proyecto “existencial” tengamos la edad que tengamos?

Porque se puede empezar y re-empezar en cualquier momento, uno se puede levantar del suelo, o de más abajo si cayó, y dibujar una nueva perspectiva de sí mismo basada en la reconstrucción de  la autoestima perdida, en la activación de la asertividad y la disolución de la o las dependencias.

¿Todo esto te parece demasiado simple? ¿Crees que es más difícil?

Los conflictos neuróticos amenazan las posibilidad de las personas porque se centran en ese diálogo interior en lugar de poner la energía en salir de ello y focalizarse en objetivos concretos que a uno le permitan darle una nueva dimensión a su vida.

Las comunidades futuras pasarán por simpatías y no tanto por jerarquías, aunque estas últimas siempre existirán en tanto que se basen en el liderazgo natural y no en el autoritarismo. Y desaparecerán, poco a poco, los demagogos porque una visión pragmática de la realidad se impondrá y se pedirá eficacia y pocas letanías.

Times Square, Le Marais, Piccadilly Circus o Shibuya se mantendrán como focos de atención, Hollywood seguirá siendo aspiracional. Los grandes restaurantes y hoteles del mundo se mantendrán como lugares de encuentro y objetos de deseo, y resplandecerá de nuevo el gran espectáculo deportivo, teatral y musical y nuestra vida seguirá utilizando esas impresionantes imágenes que tanto resuenan en nuestros sentidos. Volveremos a viajar y lucharemos, a veces hasta el dolor, para acercarnos a nuestros objetivos. Trabajando, trabajando y trabajando para que la vida no pierda un ápice de interés. – Y sí, también meditaremos, haremos deporte, rezaremos, cocinaremos, amaremos…-.

Cada uno desde sus posibilidades tratará de acceder a esa isla, a ese mar, a ese evento, y percibirá la existencia desde el lugar desde el que uno no debe nunca bajar, allá donde se construyen los sueños, que no es otro que una psique, con conciencia, liberada de innecesarias ataduras.

Damián Ruiz

Barcelona,  9 de Abril, 2020

5 Compartir
Compartir5
Twittear
Compartir