Hijos que no salen de la habitación

Hijos que no salen de la habitación.

En muchas familias hay un joven, a veces ya un hombre (normalmente suelen ser varones) que no sale de la habitación, permanecen casi todo el día escuchando música, conectados a internet y, con frecuencia, fumando porros. ¿Por qué están ahí? ¿No se atreven a salir al mundo por sus complejos o por su falta de habilidades? ¿Tanto miedo tienen a enfrentarse a una realidad que parece desbordarles?

¿Qué les ocurre?
Para que una persona salga al mundo lo primero que debe ocurrir es que debe haber podido construir una estructura psíquica fuerte y estable, lo que podríamos llamar el Yo. Esto se hace a través del amor que confieren los padres, especialmente el amor materno, con la condición de que no resulte invasivo, controlador y temeroso porque existe el riesgo de convertir al hijo en impotente a nivel social debido a la sobreprotección que impide el desarrollo de sus propias capacidades y personalidad. Pero no solo eso, los límites claramente establecidos en la infancia hasta entrada la adolescencia permiten crear pautas y hábitos internos de comportamiento que serán muy válidos para abrirse en sociedad al haber hecho suyo el modelo de actuación propio de su época y cultura.

Pero también a veces experiencias traumáticas en personas especialmente sensibles: abusos sexuales en la infancia, rupturas sentimentales inesperadas, pérdida de un ser querido, exceso de drogas (blandas o duras) son factores predisponentes. Pero hay algo más, la posibilidad de resonancia con un adulto de referencia es imprescindible para generar seguridad. La imitación, el modelaje, la admiración o el aprendizaje son necesarios para todos los niños y jóvenes. Si por alguna razón los padres no sirven porque son débiles, invasivos, rígidos, hoscos, dogmáticos, pueriles, autoritarios, o laxos, puede ser que ese chico no tenga un referente a partir del cual construirse.

¿Eso significa que los padres deben sentirse culpables por tener a un hijo sin salir de la habitación?
No directamente a no ser que lo hayan hecho conscientemente lo cual no suele ser el caso. Pero sí es verdad que deben cuestionarse su conducta en relación al hijo puesto que en algunos casos hay un vínculo de dependencia por parte de uno de los dos que necesita tener lo que en otro artículo llamé “un hijo-mascota”. Disolver esa dependencia supondrá una reconfiguración de la familia puesto que el adulto dependiente deberá descubrir qué aspectos de su vida y de sí mismo deben transformarse para poder aceptar la libertad del hijo.

Pero ¿qué hacemos con el chico?
La mayoría de ellos son reticentes a acudir a un psicólogo y si lo hacen y no logran un buen vínculo terapéutico con éste o no se sienten comprendidos de verdad existe el riesgo de que nunca más consideren la posibilidad de ir a otro. Ante la medicación tampoco son consecuentes ni perseverantes y la utilizan a discreción en casos que creen que la necesitan puntualmente.

¿Cuales son los diagnósticos que se ocultan tras tal comportamiento?
Normalmente trastornos esquizoides, esquizotípicos, obsesivos, fobia social, asperger, cierto nivel de autismo u otros.

¿Son recuperables?
Sí, en la gran mayoría de las ocasiones. Se puede empezar, en caso de que no quieran desplazarse a la consulta de un psicólogo, por sesiones online a través de internet, para posteriormente, en caso de haberse creado una buena alianza terapéutica, pasar a sesiones presenciales donde el psicólogo quizás tenga que hacer una primera y única sesión a domicilio.

Tenemos que entender que es casi como si cogiéramos a un joven león, que perdió a sus padres y ha vivido siempre en un refugio para animales, y le enseñaramos a cazar, a vivir en la jungla, a relacionarse con sus congéneres, a aparearse más adelante…porque al no haber tenido modelaje perdió el instinto que le indicaba cómo comportarse en su hábitat natural.

Salir de la habitación debe ser un objetivo de toda la familia, no debe haber conformidad ni resignación. Y no vale el ya lo hemos hecho todo. A veces hacerlo todo significa también que nadie necesite que esté ahí encerrado

Damián Ruiz.
Psicólogo (Col.7884)
Analista junguiano (IAAP)
Barcelona.

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