Articulo Las duquesas o la construcción del imaginario interior

Las duquesas o la construcción del imaginario interior

En una ocasión, en el salón de su casa de Madrid, nuestra querida amiga Leddys, – lamentablemente fallecida, una cubana de origen catalán exiliada en Miami a causa de la dictadura castrista, y recalada finalmente en la capital del reino-, al comentarle que iría a un congreso de psicología en Viena a finales de Agosto, estaríamos en primavera, pronunció una de esas frases por las que a mí siempre me pareció entrañable: “Las duquesas no regresamos a Viena hasta la segunda quincena de Septiembre”.

Leddys era experta en la historia de las monarquías europeas pero muy especialmente del imperio austro-húngaro, y lo era hasta tal punto que llamaba a los miembros de las antiguas familias reales por su apodo o diminutivo con el que se dirigían entre ellos.

Había construido tal familiaridad con todos esos “parientes” de los emperadores, algunos incluso lejanos, que se sentía, en su universo interior, una más de ellos.

Y no lo manifestaba con petulancia, ni de manera impostada, era algo tan natural en ella, debido a las horas de lectura e investigación sobre ese mundo aristocrático, que lo concebía como una extensión de su realidad cotidiana.

Por mi parte, la primera vez que ví À bout de souffle, una de “mis películas”, especialmente el momento en el que Jean Seaberg aparece vendiendo el New York Herald Tribune en los Campos Elíseos de París, supe que las horas dedicadas a leer, ver documentales, películas, músicas, sobre esa ciudad, cobraban de repente un profundo sentido.

Ahí estaba yo proyectado en ese canalla Jean Paul Belmondo que dialoga de forma informal con la chica de la que se va a enamorar profundamente.

Y ahí estaba la juventud permanente que nunca nos abandona del todo, a pesar de los años, y esa sensación de liviandad, completamente alejada del dramatismo, por el que la vida transcurre si se lo permitimos y que se nos hace mucho más fácil si nos entregamos a ella.

Dedicar horas a Francisco José I de Austria o a los intelectuales que frecuentaban el Café de Flore en París durante los años del existencialismo, o a las pirámides de Egipto, o a los orígenes del rock, o a los impresionistas franceses, o… Es una forma de ir cuidando el espíritu para que cuando uno se encuentra con la circunstancia adecuada, un paseo nocturno por la capital de Austria por ejemplo, florezca el alma y uno vea mucho más que postales o vacuas fotos para instagram.

Culturizarse es una de las mejores maneras de fortalecerse internamente y el modo de poder vivenciar la existencia de un modo mucho más intenso.

La cultura no requiere de títulos universitarios sino de la voluntad de conocer, de profundizar, de dedicar tiempo y sobre todo de no quedarse en tópicos, estereotipos, modas o elementos excesivamente populares.

Leddys era borgiana (de Borges), vivía en su propio universo, y concebía, de algún modo, la sociedad como decorado pues muchos de sus aspectos ya no entraban en resonancia con ella.

Quizás no es necesario llegar a ello, pero alejarse de tanta trivialidad, tanto lugar común, tanta insensata polarización, tanto victimismo e histeria, para ir fundamentando el propio imaginario interior es una buena manera de mantener una sólida posición vital y mental.

Las duquesas ya no regresan, lamentablemente, a Viena cuando acaba el verano pero uno, y a pesar del pragmatismo, a veces puede seguir yendo a otras ciudades o épocas con sólo cerrar los ojos.

Y es que no importa la edad que se tenga si te puedes seguir enamorando, una y otra vez, de esa chica rubia americana que exclama: !New York Herald Tribune! en una época donde empezaba la libertad y aún no vivíamos bajo el sofoco de los frágiles de espíritu.

 

Damián Ruiz

Barcelona, Junio, 2026

www.damianruiz.eu

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