Tratamiento personalizado de la adicción a la cocaína

Damián Ruiz

 

Tratar la adicción a la cocaína en una consulta privada es algo complejo debido a que esta sustancia no sólo afecta al funcionamiento normal del cerebro a nivel bioquímico y neuronal sino que además, y a un nivel simbólico, compensa carencias, aspectos personales sin integrar o elaborar o estilos de vida verdaderamente poco satisfactorios.

La cocaína llega a crear la idea de que sin ella es difícil realizar determinadas acciones: disfrutar de una fiesta, del sexo, concentrarse, relajarse, desconectar, superar el miedo o la timidez, aguantar la presión laboral, atreverse a tomar decisiones,… Es una droga que el cerebro adapta para generar funciones diversas.

Dejarla puede ser fácil o muy complejo. Alrededor de esta sustancia hemos creado un paradigma a nivel social: deshabituarse se ha convertido en una forma, metafóricamente hablando, de escalar el Everest. Es un imposible que requiere de mucha infraestructura, de mucha voluntad y de un gran esfuerzo y perseverancia. Y así es en la mayoría de los casos.

Si hablamos del tabaquismo, un tema menor en comparación, conocemos personas que lo han dejado de un día para el otro, después de años fumando de un modo considerable, sin volver a recaer, y otras que necesitan largos procesos clínicos con intervención de diferentes tipos de profesionales de la medicina y la psicología, y aún así, aún queriendo, no pueden dejarlo.

Con la cocaína sucede que se insiste mucho en la voluntad del consumidor o adicto. Y sí bien es imprescindible antes del tratamiento, una primera pregunta: ¿Quiere dejar por completo la toma de esta sustancia? Si el paciente responde “en realidad me gusta consumirla, vengo porque creo que la tengo que dejar”, “querría llegar a controlarla, de tal modo que pudiera hacerme una raya de vez en cuando, aunque sea una al mes o en momentos determinados”, es que no está preparado para iniciar un tratamiento, y mejor posponerlo.

 

La persona con este problema debe reunir dos condiciones previas para que una terapia pueda llegar a tener éxito, la primera, ha tomado personalmente la decisión de dejar la sustancia, más allá de lo que le haya podido influir el entorno, y la segunda, la quiere erradicar completamente de su vida.

A partir de ahí se puede empezar a trabajar en serio.

Mi enfoque, en este caso, no se basa en la voluntad del paciente. 

Entiendo que va a hacer todo lo posible en un inicio, incluso si la alianza terapéutica entre ambos es buena, es muy probable que durante un primer periodo de tiempo ello sirva de motivación para sostenerse sin consumir.

Pero… más pronto que tarde puede empezar la frustración, la necesidad de consumo, el duelo por la ausencia de la sustancia, el famoso “craving”, tan conocido por aquellas personas que han pasado por diferentes tratamientos.

Y ¿cómo trabajar contra ello desde una consulta psicológica si el paciente puede tener acceso inmediato a la sustancia?

En mi caso me baso en dos aspectos: un progreso sostenido focalizado en la reducción de tomas y cantidades, donde sí implica la voluntad y el control pero de un modo algo más moderado, y dos la búsqueda, en la vida real e inconsciente, de aquellos factores que precipitaron o precipitan ese consumo, más allá de los aspectos bioquímicos ya encriptados por el tiempo de adicción. Esta última es una tarea más compleja pero si empiezan a detectarse y a tratar de subsanarlos haciéndolos emerger a la conciencia y transformando las acciones a realizar en la realidad e incluso transformando el estilo de vida.

Mi formación psicoanalítica junguiana (aunque esta terapia es ecléctica) y un carácter resolutivo que entiende que el conocimiento de algo no lo transforma por sí solo y que se requiere de una acción, me lleva a buscar, junto con el paciente, ese cambio necesario.

 

Soy muy consciente que alguien que abandona la cocaína no puede pasar a ser una persona normativa, monótona y atrapada en hábitos estándares, por muy aparentemente feliz y exitoso que pueda parecer su vida y su entorno. Es alguien que va a necesitar un nivel de estimulación, incluso de pasión vital bastante superior a la media. Puede que haya desarrollado, incluso, cierta intolerancia a la frustración. Todo eso se tendrá en cuenta.

 

En resumen, la terapia para dejar la cocaína que sigo no se basará, como he comentado, en la activación de la voluntad del paciente sino en, como explico en el libro que escribí sobre el tema, en su capacidad de trascenderla, de no necesitarla porque se han integrado y elaborado aspectos no reconocidos y se ha generado un nuevo estilo de vida más motivador.

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