Psicólogo y Analista junguiano en Barcelona y online.

1 abril, 2021

Volver a Fellini

fellini

Me pregunto qué sentido tiene este blog donde se supone que debería escribir exclusivamente sobre cuestiones psicológicas, especialmente sobre aquellos problemas que afectan a las personas, y en el que me dejo llevar acercándome a cuestiones de opinión, gustos personales y otros temas que apenas nada tienen que ver con ello.

Tampoco creo que sea muy leído y por ello se ha convertido, también, en una herramienta de expresión en la que de alguna manera me muestro y muestro mi mundo.

Durante la primera década de los 2000, hasta 2008, mi vida estuvo repleta de pequeños acontecimientos, magnificados en su momento, y puestos en su sitio con los años.

Fue un tiempo de radio y teatro, algo apenas buscado. A partir de una intervención que hice en una emisora de Barcelona, empezaron a llamarme de diferentes cadenas. Llegué a participar, no exagero, en casi doscientos programas, siempre hablando de psicología. Tuve el mío propio, “De persona a persona”, en Radio Estel que realizaba junto a otro psicólogo, sacerdote por más señas.

Y también el teatro…, recién casado empecé a escribir.

“De la vida de los nadie” fue mi primera obra, una comedia surrealista sobre las aspiraciones de la clase trabajadora, que años después se estrenaría en Buenos Aires. Posteriormente hubo un premio para la que acabaría siendo mi obra más “conocida”, “Es desde aquí que miro la luna”, que durante años estuvo representándose en un sitio u otro, Barcelona, Madrid, Berlín,…llegó hasta el Quebec, y su traducción al portugués se estrenó en Lisboa.

Todo finalizó en el 2008 con el estreno de “Contra el espejo” en la desaparecida Sala Muntaner de mi ciudad.

Ahora lo vivo desde una perspectiva mucho más realista y, la verdad, es que no fue para tanto, pero qué bonito es cuando la vida te da regalos. Y para que ello ocurra no hay mayor secreto que el de entregarte a ella, a la existencia, sin el “rigor mortis” de la lógica pragmática que tanto nos atrapa.

Se acabó la radio, se acabó el teatro, quedan los recuerdos de un tiempo en el que uno vibraba con una pulsión más erótica y algo salvaje, donde el atrevimiento, la intuición y el instinto primaban sobre la razón. Una vida más dionisíaca en contraste con ese mencionado rigor apolíneo del constructor de realidades que prevalece en la actualidad.

-Uno se vuelve serio porque se adapta, porque la madurez le lleva por caminos de responsabilidad, y porque la sociedad se ha vuelto “correctamente puritana”, y la libertad de expresión apenas existe-. 

Aunque siempre queda Fellini.

Fue mi imaginario maestro de juventud, una especie de mentor ajeno que guiaba las incertidumbres de mi vida. Películas, entrevistas, libros, documentales,…devoraba todo con avidez. Necesitaba una visión abierta de la existencia, que se moviera en la certeza con elementos de ambigüedad, – Soy, en ocasiones, contradictorio y con dificultades para mantenerme en una posición única, sea cual sea el ámbito del que hablemos. Y la ambigüedad la asumí como parte de mi percepción del mundo.-

Y esa visión me dio la libertad. No creo que se pueda pedir más.

Me enseñó la vida mediterránea, el culo de la Gradisca (Amarcord), y que las putas y las monjas convivían en roles y arquetipos que poblaban el gran teatro del mundo donde todos desarrollamos un personaje. Me hizo apreciar la belleza en los lugares y las personas más insólitas, enamorarme de escenas irrepetibles, el vino y las fuentes, de Roma, Mastroianni entrando en la Fontana di Trevi ante la llamada de Afrodita Eckberg.

A amar hasta lo más profundo de uno a la compañera de vida, al tiempo que juega con la seducción y bascula entre el deseo y la amistad, entre lo prohibido y lo evidente, entre las sombras de sí mismo.

Como hijo imaginario también conseguí a mi Giulietta y mis amigos, normalmente más jóvenes de edad o de espíritu (la gente con todo hecho me cansa a no ser que estén enfermos o tengan cien años), se convirtieron en compañeros de vida. Formales pero siempre con ese punto de incertidumbre y elegancia que hay que pedirle a cualquiera para que no caiga en lo obvio y nos convirtamos en prescindibles.

La previsibilidad siempre me desagradó, me agrada pensar que alguien cercano en cualquier momento podría declararme su amor o decirme que ya no quiere saber nada más de mi.

Me gusta volver a Fellini cada vez que me replanteo cambiar algunos aspectos de mi vida, especialmente cuando quiero volver a la creatividad, cuando pretendo desanudar mis capacidades terapéuticas o escribir desde una perspectiva completamente ajena a lo que los demás esperan de uno.

Y además no hay edad, si llego a viejo me gustaría hacer algún giro de guión de esos en los que te la juegas pero que, de salirte bien, te da años de existencia. No pretendo seguir la norma por mucho que la dictadura de la corrección avance, y eso de alguien tan poco revolucionario en lo social como yo, y tan individualista, aunque solidario, es un mandato.

Amar al ritmo de las melodías de Nino Rota, empatizar con el dolor ajeno, volcarse en ello, entregarte fuera del miedo, ser libre en los afectos,….

Caminar hacia el cielo de la mano de la/mi Masina, mirar atrás y decir: ¡Estuvo bien!

Desaparecer y encontrarte a Federico sentado en su silla de director.

Devolver a la vida, ese es el objetivo, ayudar a salir del sufrimiento, de la rigidez, de la duda, del miedo y conectar con el eros, con la existencia, con el mundo. 

¡Acción!

Damián Ruiz

Barcelona, 29 de Marzo, 2021

www.damianruiz.eu

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